De como reír con vos, era tan natural.

jueves, enero 28

Miel se va lejos, muy lejos.


Subió al colectivo, con las monedas justas para el viaje hasta su casa.
Ley de Murphy: una, era trucha, falsa.

Chasqueó los dientes, y el muchacho que la seguía en la fila pusó una pequeña moneda en la máquina, con una blanca sonrisa en su rostro. Ella sonrió un gracias, tomó el boleto, mientras él susurraba un "De nada", y se fue cerca de la zona para descapacitados aún con los asientos libres y disponibles del fondo.
Él se colocó al lado de ella, apoyado en la pared, y ella sentía sus ojos posados en ella. Lo miró de reojo, mientras Babasonicos sonaba en su iPod, y siguió tarareándo la canción. Cuando posó su mirada sobre el suelo sucio del colectivo, vió, con sorpresa, la converse de cordones desatados de él, que se movía al compás de la música que ella estaba escuchando.
Entonces lo miró y él sonriendo, tocó el timbre, y bajó, sin que Miel pudiera murmurar palabra alguna.

Ella bajó en su parada, del colectivo, pensativa, cuánta sincronía invisible entre ella y ese muchacho solidario del colectivo. Al bajar vió a Matthew esperándola en la parada: sonriendo como siempre y con un pequeño panda de felpa en sus manos. Sonrió de ternura Miel, aunque esos días ella hubiera estado pensando en cortar toda atadura, y ser completamente libre.

- Te voy a extrañar, -le susurró él luego, cuando se separaron luego en la tarde, buscando sus labios al mismo tiempo.

Miel sonrió y le dió un corto beso, luego se dió media vuelta y subió al colectivo de vuelta, deseba con todo su ser que él se enamorara de otra, y que se fuera, la dejara y adiós problemas.
Prendió el iPod y sentada en uno de los asientos individuales, se dejó llevar por la música.

Cuando tocó el timbre se topó con alguien. Alguien.
Él, Agustín, él, idiota de por sobre todo, él que la había vuelto tan loca. Había, bien dicho.

- ¡Miel! -dijo él, sorprendido.
- Agustín, -dijo ella, seca, aunque le costaba respirar.
- ¿Cómo estás? ¡Tanto tiempo!

Ella lo miró, entre divertida por su "hagamos de cuenta que no paso nada" y repulsiva, hacía lo que él le recordaba.

- Ando genial, sigo respirando. Pero me tengo que ir, así que adiós.

Y ella se fue, dándose media vuelta y caminando, pero él la siguió por las calles arrebatas de gente, por una Cabildo calurosa en fines de enero, la siguió entre la multitud.

- ¿No queres que vayamos a tomar algo? Digo... Ponernos al día, ¿no?

Ella siguió caminando y él siguió a su lado. - Vamos, un Starbucks.
Los ojos de la muchacha lo miraron, atónita. ¿Por qué volvía?

- Seguís persistente, ¿no?
- Obviamente, nunca se pierde eso. -sonrió él.
- Bueno, persistí todo lo que quieras, porque está vez, no vas a triunfar. -y sonriendo irónica, se marchó, entre la multitud, a paso apurado, entre la canción que vibraba en su iPod y sus pensamientos confusos y entre los ojos de Agustín que tantas veces había admirado.


Caminó, por las calles en donde la luz ya faltaba, por las tardes horas, y que sólo pequeños faroles (los que no estaban rotos) iluminaban. Caminó, hecha un mar de ideas y confusiones, positivas y negativas, llena de quietud y de mareas.
Caminó y al llegar a la entrada de su casa, lo vió sentado con la cabeza gacha, escondida entre sus piernas. Al levantar la cabeza pelada, y una sonrisa irresistible salir a la luz, ella se quedó allí como atontada.

- Miel, espero no te moleste... -dijo Serafín, entre sonrisas.
- ¿Qué queres?

El amor de su vida, en su casa, y sonriéndole como tantas veces le había sonreído.
- Quería verte y saber si podíamos ir a charlar por ahí.

"A perder mi cabeza por vos, querrás decir," pensó Miel y sonriendo, tomó la llave correspondiente, la metió en la cerradura y murmuró un final 'Adiós", al villano de su corazón (porque claramente no era un príncipe, sino lo más contrario a uno), y entró en su casa sintiendo que ya nada le importaba.

Que mañana se iba lejos por 30 días, en los cuales sólo iba a preocuparse por una persona: ella misma. Que le había llegado el tiempo para ser egoísta, y ser libre.

Libre al fin.
Miel se iba, lejos bien lejos, de ellos, de ella y volvía a ser ella misma.
Ella entre sus libros, hojas borrador y bolígrafos gastados; entre los bosques, entre las olas del lago verde-azul, entre el viento que le decía al oído: "Respira".

pd, nos vemos en 30 días, gente bonita que me lee, sigue y comenta! Miel los va a extrañar muchísimo pero seguro volverá con mejores aventuras y historias sobre colectivos reflexionados (:

11 comentarios:

  1. Ninfa Poética espera que a miel le vaya maravillosamente bien y se olvide de todos ellos!
    me encantó el relato ^^

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  2. Sí, "Desde Mi Cielo" es un libro del que van a sacar una película de aquí poco.
    Te recomiendo que leas el libro, es precioso, y te atrapa desde la primera página :)
    ¡Un beso enorme! :3

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  3. También nosotros la extrañaremos a ella. Pero la espera valdrá la pena (:

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  4. Avatar, a mí me encantó (:
    Gracias, y me alegro que te guste mi blog.

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  5. Holaa!
    que entrada mas bonita :')
    me gustó tu blog, te sigo :)
    saludos!

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  6. Hay q sacar el bocho por la ventanilla, si. Y respirar.

    Saluditos, descanse lindo.

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  7. Sí, y he salido un viernes. Hacía tanto que no salía... A veces escribo en futuro (: me gusta.
    Gracias.

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  8. Me ha encantado el relato, sin duda es genial!

    Un saludo

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  9. ¡ me gusta tu manera de escribir ! Que disfrutes de tus 30 días libres :)
    xoxo

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Miel suele tachar la mayor parte de lo que escribe. ¡No hagas como ella y déjale un comentario por sus locas palabras! Ella promete no tachar las tuyas,