De como reír con vos, era tan natural.

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martes, marzo 20

if you're looking for love you can look for that door

- So, use me.

Susurros, en los oídos.
Van y vinien, los susurros.
Como la gente, las personas, las mujeres en tu cama.
Como va y como viene el mar, como ella te recuerda en sus uñas coloridas barridas por la arena.
Susurros Internacionales.

¿Te acordas?

La mordida de labios, dulce y lenta, tan lenta.
La camisa arrugada en sus uñas azules. La respiración ebria y casi matutina.
La sonrisa desde la cornisa, los labios Brutos de ella contra los tuyos.
Y el frenesí.

Hearts.

El ir y venir, frenético, pero candente.
Como si la música los llevara.
Dolor en el labio y su risa-remedio.
Y encontrarse acorralandola en la mesada culinaria.

- I don't mind that you call me only when you want.

O en las escobas, para barrer...
Barrer los recuerdos. Creo que eso pretendes. Pretender, no borra, mon amour.
Que ella mueva los labios despacio, cuando tus manos están insanas a su alrededor.
Porque los ojos comen la carne en la primera vez, y la vida se te va en ojos entrecerrados.

Entran ajenos. Entran entrometidos. Amigos que se vuelven archienemigos:
los Camus de Sartre&Beauvoir.
Y ella se ríe en el umbral, vos detrás.
Y la mano se te escapa y la agarras, Benjamina.

'Cause I just want this night with you.
Mareos ebrios, manos ebrias, besos sobrios. ¿Qué es diferente de antes?
Lo de ustedes no está ya indexado, y te preocupa lo que pueda pasar en su corazón.
Pero ya ella no lo tiene, ¿so?

pd. http://www.youtube.com/watch?v=fm4Tr9Sy6pk

miércoles, enero 4

crash into me

El colectivo iba rápido, lo suficiente como para desordenarle el cabello y hacerlo sentir en libertad. Eso era lo bueno de los colectivos mañaneros luego de una muy buena noche bailada. La rubia que lo había llevado al centro de la fiesta, debajo de la espuma, y el vestido negro pegado a su cuerpo. Y él, en la Gloria. Era tan fácil satisfacerlo, y por eso ellas lo llamaban sencillo, por ser tranquilo, por no inquietarse y no pedir de más. Y veámoslo de su lado, ¿quién puede negarse a polleras cortas y tacos altos?
Evan tenía dieciocho años, y pensaba disfrutarlos al máximo. Que veía la vida como un reloj enorme que lo apuraba, pero él no se sentía apurado, sino incentivado a hacer todo ya, sin cuestionarse. "Live fast and die young."
Y era en el colectivo donde se ponía a reflexionar, y daba un stop a su vida atolondrada y sonreía ante la vida que llevaba. Y así sentado cómodamente en el anteúltimo asiento del colectivo casi desierto con la excepción de un vagabundo borracho, la vio subir por primera vez. Ella, locura en persona. El nombre de Juana le sentaba a la perfección, más que su nombre real que él desconocía pero moría por averiguar. Conocerse, es como atravesarse el alma con los ojos y decir: te vi en sueños.
La cámara en manos de él, llamó la atención de ella, quien de improvisto y de su cartera microbio sacó un trípode que complementaba la Nikon en manos de Evan. Era de ensueño.
Ella se le sentó detrás y le susurró al oído:
- Te has atravesado en mí.
Y él no llegó a darse vuelta que ella lo tomó de la mano y bajaron corriendo a la próxima parada sin respirar, ella riendo, él atónito y el chófer gritando porque claramente ella no había pagado su boleto.
Pero ya estaban en tierra, pies en tierra. Las zapatillas rojas de él, a las cuales la alcantarilla había alcanzado al saltar del colectivo, ahora eran negras. Y la miró a ella, y ella, con las piernas largas y hermosas, ilustradas con pecas negras, como un dálmata indomable. Dicen que los dálmatas no son buenos, bueno, ella tampoco.
Así que con trípode y cámara en mano, corrieron y cuando menos él lo pensaba, terminaron en una colina cubierta por piedras, grandes y perfectamente imperfectas, imposibles de caminar sobre. Y aún así allí se sentaron, y ella tomando la cámara de él, se dispuso a sacar una foto al amanecer que allí nacía, dentro de los ojos de él. Hasta que se dio cuenta que otras tres ninfas de la noche estaban al lado de ellos y se disculpo por robar tal imagen.
Al instante por suerte, encontró otra a las espaldas de ellas y le dio click a la cámara. Y la magia de tal tecnología alcanzó a Evan, y él despertó.
Las ninfas rieron de la fotógrafa novata y compartieron consejos y secretos y frente a él, se desmontó el mejor de los desfiles.

Cuando ya el sol fue lo suficientemente claro, ella lo tomó de la mano y se sentó junto a él, mientras en el trípode acostado, crecía el pasto y lo enredaba al césped creciente (cual video de Keane).
Él la miraba, aún atónito y logró articular tres palabras:
- ¿Cómo te llamas?
- Analeigh. Y no, no me vas a volver a ver. Porque lo bueno siempre es corto, y prefiero que sea así, sin dolor y con sonrisas cada vez que nos recordemos.

Y la última imagen que Evan tenía de ella era de su falda corta y negra, de sus piernas encima de las de él, de sus labios carmín sonriendo en los de él, de sus manos en el cuello mordido de él, de sus pestañas haciéndole cosquillas y del colectivero sonriendo ante esas parejas que se forman en amaneceres borrascosos en la parte trasera de los colectivos.

Y todos esos recueros para jamás volverla a ver.

pd. http://www.youtube.com/watch?v=8yP3JGWVzFo

sábado, enero 1

y susurraste que el pasado, "sólo es como un día malo"


Empezar el año sonriendo, ese es un buen presagio, y con el vestido de satén azul que le caía por encima de las rodillas. ¿Quién dijo que año nuevo se pasa de blanco? Inundarse en pérfume y el rimel negro sobre los ojos verdes. Comer garrapiñada, mucha y cepillarse los dientes. Reír mucho, mucho y que el año nuevo se lleve todo lo malo lejos, y traiga lo bueno rápido y espontáneamente. Como el amor, la dicha y la felicidad. Miel se dejó el pelo en su rodete, y la bizarra noche se lo fue desatando y desarmando como sus problemas y preocupaciones. Todos cayeron junto con sus puntas florecidas, con lo rubia que se encontraba, y con el viento de verano que nunca viene mal. Y que el taxista las perdiera en una Buenos Aires llena de luces y más luces de automóviles yendo y viniendo, para encontrarse con que el destino no las iba a dejar pasarla mal. Subirse a autos extraños pero ¡ups, yo te conozco! Y finalmente caer a la fiesta como Cenicienta, tarde pero impactando a medio mundo. Y seguir riendo y darse cuenta de que realmente el camino que había elegido no le iba a ser fácil, que iba a tener que enfrentarse al mundo entero para cumplir su sueño. Que iba a costar, iba a tener que sacrificarse: por eso en ese momento dióse cuenta, que quería pasar el mejor verano de su vida, rebelarse y hacer todo aquello que la volvía loca y hace rato ya que no hacía y su alma le pedía a gritos esas dos cositas que la volvían loca: morderte y leer. En su biblioteca, la esperaban 21 libritos para leer en dos meses, vaya reto. Pero pensaba hacerlo y sentirse feliz. Y ¿morderte? Faltaban unos 24 días más para realizar aquello y sugiero te cuides, porque te va a dejar marca. Hace ya casi un mes que no se ven, y cuando lo hagan van a ser 1 mes y 21 días de no verse. De no sentir, de no reír natural, de no pelear. De soltar el rodete para que vos lo agarres. Y aún así, las sonrisas tontas volvieron con sólo escuchar tu voz, y reír y saber que Miel no podía esperarte más y que los días que restaran para verte le iban a ser eternos.

Feliz año muy agradecido a las 100 personitas que siguen a la loca de Miel y feliz, muy feliz año a todos. ¡Que el 2011 traiga todo lo que deseamos!

domingo, mayo 9

"Soy tu Edward Cullen"



Y tentaba, psicológica y físicamente. Tenerla a exactamente tres coma cero dos centímetros. Y sentir sus labios cada vez que su velocidad ganaba. Ay ay ay. Esos labios. Y las mordidas. Porque nuevamente esa negatividad irresistible de ella lo estaba volviendo loco.


- Dame un beso, p o r f a v o r -pedía él.


Y ella negaba con la cabeza y la sonrisa en el rostro, y los ojos divertidos y, apenas él se despistab: le mordía el cuello, o el cachete o la comisura del labio. Pero más que un leve roce en el labio él no lograba conseguir. Sonsacarle algo a ella era imposible. Pobre ladrón de besos inesperados, había encontrado a alguien que lo había frustado. Acorralada, y aún así no podía robarle ese beso entrecocido de lenguas enloquecidas del cual saía que ella era única dueña. Y cuando la dejo ir, luego de sesenta minutos con algunos segundos (creo que exactamente tre spares de segundos), ira e impotencia le irradiaban por las venas. Pero luego ella se lo chocó (luego de unos cuantos segundos), preguntó algo y él lo negó.


- ¿Tenes mi anillo? Me falta.


Y él la abrazó y le besó los labios pero ella no se negó. Entonces volvió a besarla y aunque sus labios no lo dejaban entrar, los besos se volvían más largos y largos y sucedió. La besó como antes y sintió el gusto mezclado de tictacs y cerveza y se le revolucionó el cuerpo y cada vez que ella se alejaba, él la volvía a acercar. Besos. De vuelta. Orgullo destruído, pared derrumbada, corazón que palpita tanto, tanto. Amor propio decía Agyness; curada de espanto Celeste, y Mora en Brasil, de viaje, librada de problemas.


No sabía cómo pero no podía dejar de besarla, y respiraban poco, un segundo, o una milésima de él porque ambos no podían detenerse; entre las sonrisas de ella y la desesperación de él, entre sucuerpo y la pared. La pared. "Yo se que te fascina la pared." Y ella no lo negaba y las venas se llenaban de... ¿pasión? Y ella divertida, y cada vez que podía, lo mordía.


- Ayay vampirita, no me hagas eso -susurraba él, sin poder despegarse de los magnéticos labios de ella.- Vampirita, no me muerdas...


Agyness & Celeste: Sin comentarios.


Mora: Aún sin cuestionar.


¿Veredicto de ustedes?