jueves, mayo 1
Una vez escrito un personaje, cobra vida. Ahora, ¿qué pasa cuándo viene a buscarte?
lunes, abril 30
they are back
- ¿Te tienta?
- ¿Mm?
Él la miró con los pochoclos en la boca, demasiado concentrado en comer como para haberse percatado de la escena en el televisor. Ella rió ante su boca llena, dejó el almohadón a la que estaba abrazada, se subió sobre las piernas de él, corrió el bowl de pochoclos de su regazo y lo miró.
- Mm... ¿Te referís a boxear?
martes, marzo 20
if you're looking for love you can look for that door
Susurros, en los oídos.
Van y vinien, los susurros.
Como la gente, las personas, las mujeres en tu cama.
Como va y como viene el mar, como ella te recuerda en sus uñas coloridas barridas por la arena.
Susurros Internacionales.
¿Te acordas?
La mordida de labios, dulce y lenta, tan lenta.
La camisa arrugada en sus uñas azules. La respiración ebria y casi matutina.
La sonrisa desde la cornisa, los labios Brutos de ella contra los tuyos.
Y el frenesí.
Hearts.
El ir y venir, frenético, pero candente.
Como si la música los llevara.
Dolor en el labio y su risa-remedio.
Y encontrarse acorralandola en la mesada culinaria.
- I don't mind that you call me only when you want.
O en las escobas, para barrer...
Barrer los recuerdos. Creo que eso pretendes. Pretender, no borra, mon amour.
Que ella mueva los labios despacio, cuando tus manos están insanas a su alrededor.
Porque los ojos comen la carne en la primera vez, y la vida se te va en ojos entrecerrados.
Entran ajenos. Entran entrometidos. Amigos que se vuelven archienemigos:
los Camus de Sartre&Beauvoir.
Y ella se ríe en el umbral, vos detrás.
Y la mano se te escapa y la agarras, Benjamina.
'Cause I just want this night with you.
Mareos ebrios, manos ebrias, besos sobrios. ¿Qué es diferente de antes?
Lo de ustedes no está ya indexado, y te preocupa lo que pueda pasar en su corazón.
Pero ya ella no lo tiene, ¿so?
pd. http://www.youtube.com/watch?v=fm4Tr9Sy6pk
viernes, julio 22
El Sillón
(http://www.youtube.com/watch?v=2ZK23sxkpk0&ob=av2e)
Las manos llenas de carboncillo, el jardinero desabrochado, el flequillo desordenado y una manta escocesa azul sobre sus piernas. El sofa de terciopelo antiguo, con sus cuantos años de historia encima y de otras piernas sucias. Ella, acostada, con la relajación recorriéndole el cuerpo, dormida y en otro mundo.
Pero él no.
Él exactamente estaba con los pies bien en la tierra, sentado frente a ella, y sin poder dejar de sonreír. Después, poco a poco, bajo uno a uno sus dos pies al piso y el papel bajo el peso crujió: los mil y un dibujos que habían hecho horas antes. Pateó sin quererlo una botella y un poco de cerveza manchó uno de las ilustraciones, y por más que se apuro en enderezárla, no pudo evitar lo inevitable. Al instante una mano conocida, llena de carboncillo, tomó la botella de las manos de él, sin sacar la otra de su hombro, se tomó lo que quedaba y lo miró sonriendo. Con esa sonrisa auténtica de ella, que podía volverlo loco al instante.
Y un beso. También de esos de película, con espalda arqueada, las manos de ella en su cuello y las de él, ahí justo donde la cintura se encuentra y la espalda se arquea.
Si les digo que el beso terminó en el sillón de terciopelo antiguo, y el rostro de él dibujado en carboncillo, y muchas risas con aire de verano, con el tono dorado en ambos dos, ¿me creerían? Porque eso también paso. Una vez un amigo me dijo que los sillones tenían el enorme poder de crear el más grande de los rumores, como también el más mentiroso; además, los sillones también esconden secretos. Y guardan las mejores frases de charlas que parecen tan guionadas.
Pero claro esta, que luego de tantas sonrisas y besos, comienzan las respiraciones profundas, los besos, ¿cómo describirlos? Respirados. Entonces, aparecen de tales frases, un millón.
- Te estoy llenando de lápiz, -le dijo ella riéndose.
- Dibujame, no me importa, -le respondió él.
Los besos seguían dándolos vueltas en el sillón, como ruleta Rusa. Y reían porque ella tenía el lápiz en mano, y él intentaba por todos los medios no quedarse en ninguna posición estática para que ella no pudiera ilustrar nada por entero. Hasta que lo logró, un elefante chiquitito en el pecho de él, sobre el lado del corazón. Cuando él lo vió le preguntó porqué un elefante y ella respondió:
- Porque los elefantes no olvidan jamás.
- ¿Y que no queres olvidar?
- A vos.
viernes, junio 17
can't you see: you're beautiful?

viernes, junio 3
"Es re de virgen chapar"

viernes, febrero 11
de Caminatas Innecesarias

La muchachita de cabello castaño decidió ir a dar una vuelta. El flequillo escondido en una trenza alrededor de su cabeza, enmarcando su frente, un tanto grande o quizá no tanto. Ir a caminarse sus cuantas cuadras, aún cuando lo que necesitaba estuviera en la primera. Caminar, y hacer un favor, sacarle una sonrisa a alguien; acompañada de muy buena música que le resonaban los oídos, caminaba también de vuelta. Vuelta a casa, con sonrisa en el rostro y sol que no deja ver. "Porque no me animo a usar los rayban" se preguntó, y claramente no se respondió. En cambio, rió. Caminando con sus piecitos morenos del sol y sucios de tierra, cómodos en sus chancletas doradas, iba feliz. ¿Cuán bipolar alguien puede llegar a ser? Hoy, aún las ansias de querer volver y ver a aquellos a quien Miel extraña tanto, y a aquellos a quien no tanto, hoy se disminuyeron. Porque hoy se divirtió a cuestas de ella misma y su librito pocket, a cuestas de su buena música y cerebro inspirador. Iba feliz, y la sonrisa comenzó al ver a los hippies malabaristas dándose un beso. Que las rastras atraen, ¿a qué no? y se ensanchó aún más al imaginar a su gordito pequeño de ojitos enormes viendo al Woody en la panadería: lo llevaría en cuanto llegara. Siguió caminando y pasó por un negocio de camizas, sólo basto una para imaginar a Romeo en una de ellas, ¡para qué! Se mordió los labios a falta de los de él y siguió camino. Paso gente gente mucha gente, y compró sus cosas. Quiso ver vestidos, pero había mucha gente, y no quería esperar, quiso ver pulseras (elefante elefante) y también mucha gente. Como irritan los turistas. Siguió rumbo y paso la plaza, que la foto con el perrito, que el chico suicida que se acostó y los amigos pasaban por sobre el volando con bicicletas. Quiere volar en bicicleta. Fium fium, rápido rápidin. Sigue camino camino, y ve el lago azulado, y el cielo celeste encima de él, que la infinidad existe cuando uno cree en ella. Como en lo eterno y el tiempo. Que no le tiene miedo al tiempo, que dos meses no son nada nada, comparado con verte, conocerte y sentirte. "Que al parecer nos sienta bien pelear, justo al contrario: fortalece más." Miel cerró los ojos y el viento la despeino entera, aún la trenza que le agarraba la mayoría del cabello, y la canción que sonaba la dopaba contra cualquier indicio de mala suerte. ¿Todo pasa por una razón, dijiste? Bueno, quizá el tiempo le sirviera para juntar, acumular, acunar, amontonar, contener, todo todito en su persona, en su alma. Y el exceso de amor propio que no podía salir, se le estaba acumulando en las venas y arterias, y pueden llegar (como gran posiblidad) a explotar, porque no hay lugar ni en los pulmenes ya, y ya que estamos, podría ocupar el cerebo, total no necesita pensar. Mira mira, si explotan, esperemos que no eh, va, salvo que quieras pedacitos de esta castaña loca. Porque de caminatas innecesarias Miel sabe bastante, pero no te das idea en materia de extrañarte.
sábado, enero 1
y susurraste que el pasado, "sólo es como un día malo"

Empezar el año sonriendo, ese es un buen presagio, y con el vestido de satén azul que le caía por encima de las rodillas. ¿Quién dijo que año nuevo se pasa de blanco? Inundarse en pérfume y el rimel negro sobre los ojos verdes. Comer garrapiñada, mucha y cepillarse los dientes. Reír mucho, mucho y que el año nuevo se lleve todo lo malo lejos, y traiga lo bueno rápido y espontáneamente. Como el amor, la dicha y la felicidad. Miel se dejó el pelo en su rodete, y la bizarra noche se lo fue desatando y desarmando como sus problemas y preocupaciones. Todos cayeron junto con sus puntas florecidas, con lo rubia que se encontraba, y con el viento de verano que nunca viene mal. Y que el taxista las perdiera en una Buenos Aires llena de luces y más luces de automóviles yendo y viniendo, para encontrarse con que el destino no las iba a dejar pasarla mal. Subirse a autos extraños pero ¡ups, yo te conozco! Y finalmente caer a la fiesta como Cenicienta, tarde pero impactando a medio mundo. Y seguir riendo y darse cuenta de que realmente el camino que había elegido no le iba a ser fácil, que iba a tener que enfrentarse al mundo entero para cumplir su sueño. Que iba a costar, iba a tener que sacrificarse: por eso en ese momento dióse cuenta, que quería pasar el mejor verano de su vida, rebelarse y hacer todo aquello que la volvía loca y hace rato ya que no hacía y su alma le pedía a gritos esas dos cositas que la volvían loca: morderte y leer. En su biblioteca, la esperaban 21 libritos para leer en dos meses, vaya reto. Pero pensaba hacerlo y sentirse feliz. Y ¿morderte? Faltaban unos 24 días más para realizar aquello y sugiero te cuides, porque te va a dejar marca. Hace ya casi un mes que no se ven, y cuando lo hagan van a ser 1 mes y 21 días de no verse. De no sentir, de no reír natural, de no pelear. De soltar el rodete para que vos lo agarres. Y aún así, las sonrisas tontas volvieron con sólo escuchar tu voz, y reír y saber que Miel no podía esperarte más y que los días que restaran para verte le iban a ser eternos.
Feliz año muy agradecido a las 100 personitas que siguen a la loca de Miel y feliz, muy feliz año a todos. ¡Que el 2011 traiga todo lo que deseamos!
viernes, agosto 6
i need you so much closer

Dejar atrás las montañas atrás, por edificios, incluso más altos pero con tan pero tan poco oxígeno. Y dejar atrás lagos por el agua de la canilla, o la de los floreros que se torna verdosa y con tal hedor luego de no cambiarla. El aire se respiraba tan diferente, y se escuchaba así también. Ayer el viento amenazaba con destruír las ventanas y la puerta del balcón, y Miel las miraba temblar con el frío. Al unísono. Y oía al viento hacerse oír, cantando cual película de terror minutos antes de que entre el asesino en escena y maté al protagonista. Y volver a Buenos Aires, era escuchar el 60 pasar por su casa, y las vocinas, y el tránsito insoportable. El humo negro carbón de los colectivos, el malhumor de los taxistas. Dejar Bariloche atrás y volver a la rutinaria Baires, ay. Nuestra muchacha de flequillo castaño escribía en su diario (algo retrasado en cuanto a hechos -se había quedado estancada en un mayo 16-), intentando avanzar y sabiendo que los libros la esperaban acumulados, que dentro de ellos porcentajes, fracciones, neutralizaciones, dilusiones, Urquiza y Sarmiento la esperaban. Y ni que hablar de los Tres Mosqueteros. Pero siempre era bueno volver y descubrir un nuevo pañuelo con perfume de su iaia en el escritorio, ver a su gordito pequeñito sonreír y responder "si" a la pregunta de si la había extrañado, ver a Mora, Agyness y Celeste. Que le hablara Agustín para verla en una fiesta, también era parte de lo bueno. Saber que iba a ir a comprarse sus tan queridos tiburoncitos apenas pudiera y si era en companía de Edward y Jacob, mejor. Siempre hay algo bueno en volver, el tema es ver el vaso mitad lleno, ¿no?
pd. gracias (tantas) a las 87 personitas que siguen a esta loca muchachita!
sábado, mayo 22
domingo, mayo 9
"Soy tu Edward Cullen"

Y tentaba, psicológica y físicamente. Tenerla a exactamente tres coma cero dos centímetros. Y sentir sus labios cada vez que su velocidad ganaba. Ay ay ay. Esos labios. Y las mordidas. Porque nuevamente esa negatividad irresistible de ella lo estaba volviendo loco.
- Dame un beso, p o r f a v o r -pedía él.
Y ella negaba con la cabeza y la sonrisa en el rostro, y los ojos divertidos y, apenas él se despistab: le mordía el cuello, o el cachete o la comisura del labio. Pero más que un leve roce en el labio él no lograba conseguir. Sonsacarle algo a ella era imposible. Pobre ladrón de besos inesperados, había encontrado a alguien que lo había frustado. Acorralada, y aún así no podía robarle ese beso entrecocido de lenguas enloquecidas del cual saía que ella era única dueña. Y cuando la dejo ir, luego de sesenta minutos con algunos segundos (creo que exactamente tre spares de segundos), ira e impotencia le irradiaban por las venas. Pero luego ella se lo chocó (luego de unos cuantos segundos), preguntó algo y él lo negó.
- ¿Tenes mi anillo? Me falta.
Y él la abrazó y le besó los labios pero ella no se negó. Entonces volvió a besarla y aunque sus labios no lo dejaban entrar, los besos se volvían más largos y largos y sucedió. La besó como antes y sintió el gusto mezclado de tictacs y cerveza y se le revolucionó el cuerpo y cada vez que ella se alejaba, él la volvía a acercar. Besos. De vuelta. Orgullo destruído, pared derrumbada, corazón que palpita tanto, tanto. Amor propio decía Agyness; curada de espanto Celeste, y Mora en Brasil, de viaje, librada de problemas.
No sabía cómo pero no podía dejar de besarla, y respiraban poco, un segundo, o una milésima de él porque ambos no podían detenerse; entre las sonrisas de ella y la desesperación de él, entre sucuerpo y la pared. La pared. "Yo se que te fascina la pared." Y ella no lo negaba y las venas se llenaban de... ¿pasión? Y ella divertida, y cada vez que podía, lo mordía.
- Ayay vampirita, no me hagas eso -susurraba él, sin poder despegarse de los magnéticos labios de ella.- Vampirita, no me muerdas...
Agyness & Celeste: Sin comentarios.
Mora: Aún sin cuestionar.
¿Veredicto de ustedes?
jueves, abril 15
y cuando llegaste me miraste y me dijiste"loco" estás mojado ya NO te quiero

viernes, abril 2
"Sonrisitas picaronas," diría la abuela
El libro de Benedetti también terminó mordido.
martes, marzo 30
night days Hard

domingo, marzo 21
Great Expectations
Miel sonrió un tanto melancólica, Serafín no estaba más en su mente, pero ciertas jugadas de su corazón, en complot contra ella, le hacían recordarlo. Con sonrisas mayormente, pero también con dudas e intrigas de qué sería de su vida, si seguiría con ella y esas pequeñeces.
Y volvió a pensar en sus puntas florecidas y que quizá debiera ir al peluquero.
domingo, febrero 21
el azul resalta tus ojos, ¿sabías?
Sueño que mis uñas escriben la más bonita historia de amor, ya que estás uñas jamás tocaran tu rostro otra vez.
miércoles, febrero 17
Que Campanilla te cuide, y te guarde.

jueves, enero 28
Miel se va lejos, muy lejos.
Subió al colectivo, con las monedas justas para el viaje hasta su casa.
Ley de Murphy: una, era trucha, falsa.
Chasqueó los dientes, y el muchacho que la seguía en la fila pusó una pequeña moneda en la máquina, con una blanca sonrisa en su rostro. Ella sonrió un gracias, tomó el boleto, mientras él susurraba un "De nada", y se fue cerca de la zona para descapacitados aún con los asientos libres y disponibles del fondo.
Él se colocó al lado de ella, apoyado en la pared, y ella sentía sus ojos posados en ella. Lo miró de reojo, mientras Babasonicos sonaba en su iPod, y siguió tarareándo la canción. Cuando posó su mirada sobre el suelo sucio del colectivo, vió, con sorpresa, la converse de cordones desatados de él, que se movía al compás de la música que ella estaba escuchando.
Entonces lo miró y él sonriendo, tocó el timbre, y bajó, sin que Miel pudiera murmurar palabra alguna.
Ella bajó en su parada, del colectivo, pensativa, cuánta sincronía invisible entre ella y ese muchacho solidario del colectivo. Al bajar vió a Matthew esperándola en la parada: sonriendo como siempre y con un pequeño panda de felpa en sus manos. Sonrió de ternura Miel, aunque esos días ella hubiera estado pensando en cortar toda atadura, y ser completamente libre.
- Te voy a extrañar, -le susurró él luego, cuando se separaron luego en la tarde, buscando sus labios al mismo tiempo.
Miel sonrió y le dió un corto beso, luego se dió media vuelta y subió al colectivo de vuelta, deseba con todo su ser que él se enamorara de otra, y que se fuera, la dejara y adiós problemas.
Prendió el iPod y sentada en uno de los asientos individuales, se dejó llevar por la música.
Cuando tocó el timbre se topó con alguien. Alguien.
Él, Agustín, él, idiota de por sobre todo, él que la había vuelto tan loca. Había, bien dicho.
- ¡Miel! -dijo él, sorprendido.
- Agustín, -dijo ella, seca, aunque le costaba respirar.
- ¿Cómo estás? ¡Tanto tiempo!
Ella lo miró, entre divertida por su "hagamos de cuenta que no paso nada" y repulsiva, hacía lo que él le recordaba.
- Ando genial, sigo respirando. Pero me tengo que ir, así que adiós.
Y ella se fue, dándose media vuelta y caminando, pero él la siguió por las calles arrebatas de gente, por una Cabildo calurosa en fines de enero, la siguió entre la multitud.
- ¿No queres que vayamos a tomar algo? Digo... Ponernos al día, ¿no?
Ella siguió caminando y él siguió a su lado. - Vamos, un Starbucks.
Los ojos de la muchacha lo miraron, atónita. ¿Por qué volvía?
- Seguís persistente, ¿no?
- Obviamente, nunca se pierde eso. -sonrió él.
- Bueno, persistí todo lo que quieras, porque está vez, no vas a triunfar. -y sonriendo irónica, se marchó, entre la multitud, a paso apurado, entre la canción que vibraba en su iPod y sus pensamientos confusos y entre los ojos de Agustín que tantas veces había admirado.
Caminó, por las calles en donde la luz ya faltaba, por las tardes horas, y que sólo pequeños faroles (los que no estaban rotos) iluminaban. Caminó, hecha un mar de ideas y confusiones, positivas y negativas, llena de quietud y de mareas.
Caminó y al llegar a la entrada de su casa, lo vió sentado con la cabeza gacha, escondida entre sus piernas. Al levantar la cabeza pelada, y una sonrisa irresistible salir a la luz, ella se quedó allí como atontada.
- Miel, espero no te moleste... -dijo Serafín, entre sonrisas.
- ¿Qué queres?
El amor de su vida, en su casa, y sonriéndole como tantas veces le había sonreído.
- Quería verte y saber si podíamos ir a charlar por ahí.
"A perder mi cabeza por vos, querrás decir," pensó Miel y sonriendo, tomó la llave correspondiente, la metió en la cerradura y murmuró un final 'Adiós", al villano de su corazón (porque claramente no era un príncipe, sino lo más contrario a uno), y entró en su casa sintiendo que ya nada le importaba.
Que mañana se iba lejos por 30 días, en los cuales sólo iba a preocuparse por una persona: ella misma. Que le había llegado el tiempo para ser egoísta, y ser libre.
Libre al fin.
Miel se iba, lejos bien lejos, de ellos, de ella y volvía a ser ella misma.
Ella entre sus libros, hojas borrador y bolígrafos gastados; entre los bosques, entre las olas del lago verde-azul, entre el viento que le decía al oído: "Respira".
pd, nos vemos en 30 días, gente bonita que me lee, sigue y comenta! Miel los va a extrañar muchísimo pero seguro volverá con mejores aventuras y historias sobre colectivos reflexionados (:
jueves, enero 14
A Miel le gusta estar sola
Estaba sola.
Matthew en américa del norte, y sólo hablaban a la noche, entonces ella no dormía, y al otro día era cuidar a su pequeño hermanito de dos años con la almohada pegada a un hemiferio de su cabeza. Entonces los fin de semanas ella se escapaba, y se internaba sola solita en cualquier otra ladoque le permitiera estar sola y pensar.
Tenía diez días más para pensar antes de que él volviera, y los mensajes volvieran, y las salidas, y los besos, y abrazos, y los tiburoncitos, y las películas, y los encuentros de manos, y las vueltas en colectivo, y las charlas con mendigos, y las camintas nocturas, y la búsqueda de estrellas en noches nubladas, y las filosofías baratas, y el orgullo machista de no dejar a una mujer pagar, y la ternura infinita, y las llamadas sin sentido pero con, y esas sonrisas llenas de sentimiento (¿amor o cariño?), y las miradas cómplices, y las caricias, y la pasión joven, y las flores marchitas del suelo que ella recogía siempre, y a él tanto le molestaba; para que todo eso que la estaba haciendo feliz y ella no se daba cuenta, volviera.
Sonrió, entre las servilletas que la rodeaban al ver pasar una parejita.
oñɐɹʇxә әʇ
jueves, enero 7
y te pegué mis manías
Nunca había sido adicto a ninguna golosina, ni caramelo ni ningún objeto comestible dulce. De hecho, él tenía cierta preferencia a lo salado. El otro día, que había acompañado a su madre al supermercado, ésta le miró extrañada al descubrir debajo de las bolsas de las frutas y verduras, las tres cajas de ocho barritas Kinder.
Él sólo sonrió.
Valeria comenzaba a comentar sobre los últimos detalles de su rostro, es decir, de los útimos granos que a causa del excesivo chocolate, lucían en el rostro antes perfecto de Agustín. Fue ahí, justo ahí, que él se dió cuenta:
- ¿Desde cuándo te gusto tanto el chocolate? -le preguntó ella, un día.
Y la respuesta que a él se le ocurrió, fue: "Si hay algo que me vuelve loca es el Kinder."
Y la volvió a recordar justo ahí, a ella, a la dueña de esos ojos que lo invadían antes de irse a dormir.
Sin embargo, no fue aquella la respuesta que pronunció.
