De como reír con vos, era tan natural.

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viernes, diciembre 24

que el Grinch los acompañe


Sentirlo tan lejos. Miel sentía que su Romeo estaba a más de mil kilómetros para abajo: desde su balcón ya ni siquiera podía divisarlo, entre los arbustos, las rocas sueltas, la tierra y nubes, e incluso (y por sobre todo) su miopía característica. No podía ni siquiera gritarle cuánto lo extrañaba para que él pudiera alquilar algún jet supersónico, o globo aereostático multicolor para venirla a buscar. Es que estar de vacaciones sin él, no valía tanto la pena: entonces como ya era rutina en ella, contaba días, días y más días. ¿Y qué tal pedirle a Papa Noel que se lo trajera? Que con un moñito rojo se lo trajera, y lo pusiera dormidito bajo el árbol navideño que ella todavía no había siquiera armado. Porque mudarse es tan (jodido, digo je) difícil. Que no la encontraran quejándose de tal situación sus padres, que era algo por lo cual "se estaban ocupando mucho". Ella sólo quería tranquilidad, paz, y a él. Extrañaba a sus amigas también, Agyness en Miami, Mora&Celeste en.. ¿dónde? Se aburría de nada, pero ese es típico sentimiento de verano, al no estar con tus amigos sentís que perdes el tiempo. O al menos Miel sentía eso: duplicado por sus padres, triplicado por sus amigas, y quintupliclado por él. Ayay Romeo, la habías malacostumbrado a veinticuatro horas diarias, al menos hablándole.
Y se viene el fin de año, y se viene Navidad.
Miel se desesperezó entre sábanas, calurosas, y sonrió ante sus sueños. Le habías pedido que te dijera cuando soñaba con vos, bueno, ayer lo hizo. Y fue tan real y tan lindo sentirte cerca. Y te extraña tanto tanto.
pd. feliz Navidad a todos!
pd2. Gracias por el premio a ( Por debajo de la piel ) (:

miércoles, diciembre 8

Miel dice:

Un año de completas locuras. De amores, flequillos locos, músicas descoordinadas, materias aprobadas, viajes de egresados, veranos alocados, inviernos voraces, viento al cabello salvaje. Mudanza y hermano, son sólo diecisiete años. Caminos de elefantes, macetas y Romeos. De vuelteros brasileros y otros chetos del barrio. San Isidro hello, chau Belgrano. Del amor del verano: de como reír con vos es tan natural y tan sano. Ay, te extraño tanto. Un mes para un viaje de relax total, olas, viento y Agyness por demás. Noches inolvidables, fotos que las condemoran, un cuaderno y un lapiz, mil y un libros para leer. Empezar la facultad, decir adiós a la juventud. Abrir los ojos a los sueños, seven days in sunny june. Vivir por las estaciones donde se firman videos, acordarme de tantas cosas, que mi diario va a explotar. Iaia, abuelo cual paloma, telefónos que deberían quedarse sin bateria antes. Amigas inseparables. Películas y microcines aún el colegio siempre vigente. Tengo que empacar.






Desde el puerto de Miel, que cambió durante todo 1 año.
¡Gracias a todos!

jueves, enero 14

A Miel le gusta estar sola

Miel respiro, el humo que se despendría del cigarrillo ya no le molestaba: por algo lo estaba fumando. Habían tantas cosas que ya no le molestaban. Finalmente había encontrado esa paz, que sólo sentía al estar sola. Sin Matthew, sin Serafín, sin Agustín, sin nadie más que ella, sus libros, su lapiz, su música y sus cigarillos. Pasaba las tardes enteras en Starbucks llenando servilletas de poemas y cuentos de perfectos amores, situaciones que en su vida había vivido, con excepciones de varios sueños bastantes vívidos.

Estaba sola.

Matthew en américa del norte, y sólo hablaban a la noche, entonces ella no dormía, y al otro día era cuidar a su pequeño hermanito de dos años con la almohada pegada a un hemiferio de su cabeza. Entonces los fin de semanas ella se escapaba, y se internaba sola solita en cualquier otra ladoque le permitiera estar sola y pensar.

Tenía diez días más para pensar antes de que él volviera, y los mensajes volvieran, y las salidas, y los besos, y abrazos, y los tiburoncitos, y las películas, y los encuentros de manos, y las vueltas en colectivo, y las charlas con mendigos, y las camintas nocturas, y la búsqueda de estrellas en noches nubladas, y las filosofías baratas, y el orgullo machista de no dejar a una mujer pagar, y la ternura infinita, y las llamadas sin sentido pero con, y esas sonrisas llenas de sentimiento (¿amor o cariño?), y las miradas cómplices, y las caricias, y la pasión joven, y las flores marchitas del suelo que ella recogía siempre, y a él tanto le molestaba; para que todo eso que la estaba haciendo feliz y ella no se daba cuenta, volviera.

Sonrió, entre las servilletas que la rodeaban al ver pasar una parejita.
oñɐɹʇxә әʇ