sábado, julio 5
Rojo contra tu Azul. Cálido contra tu Frío.
Despertar aún todo, roja. Despertar caliente por el recuerdo de cuerpos enlazados, de recorridas, de búsquedas implacables con las manos, de descubrimientos, de risas y enojos caprichosos. Despertar roja por la sangre que recorre las venas con casi tanta intensidad como lo hacían esas manos y su mismísimo recuerdo. Despertar roja caliente, sobreponiéndose al blanco frío de la respiración ajena, de los brazos indebidos, de querer enfrentar esos ojos ajenos y no encontrar el valor entre toda la sangre bombeada por el corazón, aquel que palpita incansable. Despertar pensando que todo mi rojo se combinaría con tu azul, que mis manos descubrirían el camino a tu corazón inalcanzable, creyendo sinceramente que las arrugas de mis manos se desvanecerían al continuar en contacto con tu piel, que mi calidez derrumbaría tu frío polar.
Y despertar, finalmente, juntando la voluntad para abrir los ojos, para dejar la luz entrar y chocar con la realidad. Dejar que el sol despierte en los ojos propios la realidad fría y blanca de una mañana invernal no tan de madrugada. Despertar la sangre que bombeaba relajada y en paz bajo el mundo desconocido de los sueños, aquellos que recorren cada célula de mi cuerpo, aquellos que no se derrumban porque pongas distancia. Mi corazón sigue bombeando rojo y calidez. Rojo contra tu azul. Cálido contra tu frío. Blanca y despierta, cada mañana, siete días, desde hace ya más de un mes. Pero roja, cálida y más que nada, despierta.
jueves, mayo 1
Una vez escrito un personaje, cobra vida. Ahora, ¿qué pasa cuándo viene a buscarte?
martes, noviembre 19
El Chico Océano
sábado, noviembre 12
like a heart beat moving through me
- Hay un chico que te está mirando mucho, -dijo el mejor amigo mientras esperaban a que llegara el subterráneo. Ella leía a Moro, en la más grande de las utopías, y tardo en hacerle caso. Para cuando lo hizo, sólo levantó la mirada interrogante. El amigo siguió- Demasiado.
- ¿Cuál?
- Ese, de anteojos ridículos y bermudas de jean deshilachadas.
Miel miró, el pelo le caía liso sobre los hombros en un intento de prolijidad, y se lo corrió de la cara, escondiéndolo detrás de la oreja para ver mejor. De reojo lo podría haber visto sino hubiera estado tan enfrascada en su libro, estaba de ellos a menos de cinco pasos largos para la izquierda. Las piernas flacas, y el morral a un costado. La remera en escote en v, blanca pura. Una barba de dos días en los contornes del cuello, los labios más mordibles del mundo, la nariz grande pero proporcionada. Los anteojos esconde-identidad. Y el pelo alborotado por locuras peluqueras.
El subte se detuvo.
Miel se paró, el vestido salmón sonrió.
Los cuatro pasos se hicieron eternos, y quedo un paso entre ellos.
Él se sacó los anteojos
y ella despertó.
(Si estás tan solo ¿por qué estar solos los dos?)
jueves, marzo 24
Miel quería ser aquella chica de la cual él se enamorara por no tener miedo de mojarse bajo la lluvia
lunes, enero 10
and I can't save you if you don't let me
en, pero no van. El viento es tan indeciso que no se sabe a dónde va a parar. Esperando. Y el tic toc del relój invisible, que molesta los oídos y insita a la confusión, y la necesidad. Si comprender fuera tan sencillo, si fueramos tan fácilmente desnudos para ser leídos. Si el ser humano fuera acaso menos complejo, sería aburrido si, pero jamás ninguno de nosotros nos encontraríamos en la situación de decir ¿A dónde estoy yendo? Así se sentía Miel.
Tenía un futuro más que planificado, para tener sólo diecisiete años. Y aún así, aún las ansias remotas, sentía que le faltaba algo, digase confianza, entendimiento, lo que fuese. Extrañaba y necesitaba de ciertos brazos alrededor, de conversaciones en plazas, risas muchas, besos múltiples; quería morder. Pero, sabía que ya no. O eso creía. Lo estaba perdiendo ~si es que no lo había perdido ya~ poco a poco. Sentía que cada pisada de césped, cada molesto buzz de abeja, cada luna creciente que observará se le perdían los ojos, y la punta de la nariz, el hueco en su cuello, el puesto entre sus brazos, y el pérfume en su pañuelo. Volve a ponerle pérfume, por favor.
A Miel le arde todo, pero en sus ojitos hay un brillito todavía. Pequeño, pero está. ¿Durará?
pd. y escuchar por Agyness "Something" no ayudaba en lo más mínimo.
viernes, diciembre 24
que el Grinch los acompañe

martes, marzo 30
night days Hard

domingo, marzo 21
Great Expectations
Miel sonrió un tanto melancólica, Serafín no estaba más en su mente, pero ciertas jugadas de su corazón, en complot contra ella, le hacían recordarlo. Con sonrisas mayormente, pero también con dudas e intrigas de qué sería de su vida, si seguiría con ella y esas pequeñeces.
Y volvió a pensar en sus puntas florecidas y que quizá debiera ir al peluquero.
martes, febrero 9
las zapatillas rojas que le erizan la piel

Lo soñó entre las sabanas. Entre las olas y el viento que la despeinaba y le alisaba el cabello; entre las fresias y los girasoles. Debajo del cielo razo cubierto de telerañas; debajo del ventanal pintado con nubes. Rescostada sobre los adoquines fríos; recostada sobre el césped mojado por los regadores. Soñó con sus zapatillas rojas y sucias, con lagos bañados en luciérnagas, con sueños cristalizadas en el vidrio condensado de las ventanas. Con sus cabellos bañados en nieve; con sus cabellos desordenados por el viento de una noche en noviembre. Y las palabras... Las volvía a oír, dichas como la primera vez, pronunciadas con el titubeo esperado de una confesión; tan dulces como el mejor chocolate. Entre las sabanas se encontró con sus ojos caramelo, como sus ojos miel. Se le erizó la piel. Sintió existencia a flor de piel. Porque con cada eco entre las montañas, con cada muchacho que le sonreía, con cada mirada de la que se percataba, con cada respiro que daba, lo soñaba. Y llegaba al punto de no saber a ciencia cierta si era realidad o fantasía. Hasta que un buen día se despertó de un sueño, caminó hacia la puerta y vió ahí, las zapatillas rojas y sucias, rodeadas del barro que se asemeja a un buen tiempo lejos de casa.
Y entre las sabanas, se volvió a despertar.
sábado, enero 23
Se sueña, se recuerda, se odia, se ama, pero no se olvida
Miel rió, y estiró más las mangas del buzo que el muchacho le había prestado, era uno de los últimos días de noviembre, y el consejo de usar pollera no había sido uno bueno, o quizá si. Alzó, entonces, sus manos hacía su pañuelo que él tenía puesto sobre ese flequillo alocado, para arreglárselo (pretexto obviamente para acariciarlo).
- Como a nadie más, -respondió ella, sonriendo.
Desde ese día nadie más tocó ese pañuelo, porque había rozado esos cabellos, que a su vez, rozaban esos labios, de lo largos que eran. Esos labios que ella había sentido un siete de marzo..
PUM! Miel cayó de la cama, aterrizando sobre su mochila, sus textos del instituto, algunos almohadones y peluches. "Si el sueño fuera como dicen, una tregua, ¿por qué, si te despiertan bruscamente, sientes que te han robado una fortuna?" (J.L.Borges)