sábado, agosto 1
Inconfundible
sábado, julio 5
Rojo contra tu Azul. Cálido contra tu Frío.
Despertar aún todo, roja. Despertar caliente por el recuerdo de cuerpos enlazados, de recorridas, de búsquedas implacables con las manos, de descubrimientos, de risas y enojos caprichosos. Despertar roja por la sangre que recorre las venas con casi tanta intensidad como lo hacían esas manos y su mismísimo recuerdo. Despertar roja caliente, sobreponiéndose al blanco frío de la respiración ajena, de los brazos indebidos, de querer enfrentar esos ojos ajenos y no encontrar el valor entre toda la sangre bombeada por el corazón, aquel que palpita incansable. Despertar pensando que todo mi rojo se combinaría con tu azul, que mis manos descubrirían el camino a tu corazón inalcanzable, creyendo sinceramente que las arrugas de mis manos se desvanecerían al continuar en contacto con tu piel, que mi calidez derrumbaría tu frío polar.
Y despertar, finalmente, juntando la voluntad para abrir los ojos, para dejar la luz entrar y chocar con la realidad. Dejar que el sol despierte en los ojos propios la realidad fría y blanca de una mañana invernal no tan de madrugada. Despertar la sangre que bombeaba relajada y en paz bajo el mundo desconocido de los sueños, aquellos que recorren cada célula de mi cuerpo, aquellos que no se derrumban porque pongas distancia. Mi corazón sigue bombeando rojo y calidez. Rojo contra tu azul. Cálido contra tu frío. Blanca y despierta, cada mañana, siete días, desde hace ya más de un mes. Pero roja, cálida y más que nada, despierta.
jueves, mayo 1
Una vez escrito un personaje, cobra vida. Ahora, ¿qué pasa cuándo viene a buscarte?
martes, noviembre 19
El Chico Océano
lunes, diciembre 31
Miradas Exploradoras
Sillón. El sillón tiene dos polos opuestos y continuos sin embargo. Y en cada punta, dos pares de ojos que se miran y se estudian. Ávidos. Buscan, curiosos, los detalles del otro, las características que lo hacen a uno persona. Y por definición, único.
Ella lo mira descubriendo un mundo, sentada con la espalda derecha, las gotas de la lluvia todavía cayendo por sus mejillas y pelo mojado. Los shorts de jean jamás le quedaron más apretados. Lo mira y va descubriendo sus brazos fornidos bajo la camisa completamente empapada, y sube. Sube hacia los hombros que le muestran una espalda que la cubre por doble, y sabe. Ya sabe, que la podría cubrir por entera, enredarla aunque ella gritara lo contrario. Y sube. El cuello y el escondite entre él y la oreja, pequeño, pero con perfume a refugio. Y sube a sus ojos marrones, ¿dónde nació en el chocolate sino es en ellos? ¿Dónde nació lo prohibido sino era en esos labios?
Él se sacude el cabello, para intentar secarlo sabiendo de antemano que no iba a tener ni el más mínimo éxito. Hasta que se percato de que estaba siendo observado y despacio, empezó a observar él también. El cabello ahora oscuro por el agua le caía alrededor del rostro blanco, blanco nieve. Y los ojos se le marcaban, se le marcaban a la perfección sin necesidad de maquillaje. Y los labios rodeados de pecas lo atraían con una fuerza magnética. Los shorts apretados por el agua que los había inundado, la blusa que rebelaba más de lo que podía aguantar y él que no sabía a dónde mirar, porque todo quería poder observar sin sentirse corrido por la vida, por el instante, por el aprovecha el momento. Maldito Carpe Diem. ¿Cómo acercarse a ella sin asustarla?
Ella cortó el juego de miradas exploradoras y se movió, pero no incómoda, y se acercó, aunque un mínimo centímetro y sus manos jugaban con las marcas del sillón. Él sonrió y se acercó más que un centímetro. Y el contacto entre sus ojos volvió a unirse, a enredarse, en uno. Dos pares de ojos que eran uno. Una mano de él terminó en la de ella y subió por su brazo, recorriendo cada uno de sus lunares y llegó a su cuello y ella se vio impedida de seguir mirándolo y cerró los ojos y él se acercó. Rostros a tan escasos centímetros. Y el tiempo detrás de él, por encima de él, a su alrededor, tic toc. Tic toc. Ambos manos de ella tomaron su rostro, de imprevisto, y juntaron labios. Unieron ojos, unieron labios. De más queda decir que unieron cuerpos. Tiempo se detuvo.
- Dijiste que no te iba a volver a ver, -sonrió él, divertido ante la espalda de ella desnuda.
- Y quién dijo que soy la misma de antes.
Evan se quedó atónito y se recostó en el suelo. ¿Dónde había quedado toda la química descubierta hasta hace unos momentos? Sintió el tic toc de vuelta, tic toc, detrás suyo, sobre su cabeza y todo a su alrededor. Ella se le subió encima pero él no la miró. Besó su escondite pero él siguió sin moverse, pensando.
- Evan -lo llamó ella. Él finalmente la miró, luego de unos segundos. - Antes fui una loca en un colectivo. Hoy soy yo. Yo entera. Mis lunares y mis cicatrices. No era antes ni la mitad de lo que soy ahora. Ahora soy yo porque tus labios besaron los míos y me diste realidad. Me diste existencia con sólo recorrer mi piel.
Él miraba, comenzando a sonreír. Analeigh lo besó de vuelta. Y su espalda volvió a acostarse en el suelo y la de él la cubrió por entera, la enrededo aunque ella quisiera gritar lo contrario.
Pero al despertar, no la encontró a su lado. Y él sonrió, sabiendo que el tic toc se había detenido en ese instante y que podía tranquilo esperar a que la vida se la trajera de nuevo. El algún otro colectivo, en alguna otra lluvia de aquellas, tormentosas. Después de todo se venía un año nuevo, ¿no?
lunes, abril 30
they are back
- ¿Te tienta?
- ¿Mm?
Él la miró con los pochoclos en la boca, demasiado concentrado en comer como para haberse percatado de la escena en el televisor. Ella rió ante su boca llena, dejó el almohadón a la que estaba abrazada, se subió sobre las piernas de él, corrió el bowl de pochoclos de su regazo y lo miró.
- Mm... ¿Te referís a boxear?
martes, marzo 20
if you're looking for love you can look for that door
Susurros, en los oídos.
Van y vinien, los susurros.
Como la gente, las personas, las mujeres en tu cama.
Como va y como viene el mar, como ella te recuerda en sus uñas coloridas barridas por la arena.
Susurros Internacionales.
¿Te acordas?
La mordida de labios, dulce y lenta, tan lenta.
La camisa arrugada en sus uñas azules. La respiración ebria y casi matutina.
La sonrisa desde la cornisa, los labios Brutos de ella contra los tuyos.
Y el frenesí.
Hearts.
El ir y venir, frenético, pero candente.
Como si la música los llevara.
Dolor en el labio y su risa-remedio.
Y encontrarse acorralandola en la mesada culinaria.
- I don't mind that you call me only when you want.
O en las escobas, para barrer...
Barrer los recuerdos. Creo que eso pretendes. Pretender, no borra, mon amour.
Que ella mueva los labios despacio, cuando tus manos están insanas a su alrededor.
Porque los ojos comen la carne en la primera vez, y la vida se te va en ojos entrecerrados.
Entran ajenos. Entran entrometidos. Amigos que se vuelven archienemigos:
los Camus de Sartre&Beauvoir.
Y ella se ríe en el umbral, vos detrás.
Y la mano se te escapa y la agarras, Benjamina.
'Cause I just want this night with you.
Mareos ebrios, manos ebrias, besos sobrios. ¿Qué es diferente de antes?
Lo de ustedes no está ya indexado, y te preocupa lo que pueda pasar en su corazón.
Pero ya ella no lo tiene, ¿so?
pd. http://www.youtube.com/watch?v=fm4Tr9Sy6pk
miércoles, enero 4
crash into me
Evan tenía dieciocho años, y pensaba disfrutarlos al máximo. Que veía la vida como un reloj enorme que lo apuraba, pero él no se sentía apurado, sino incentivado a hacer todo ya, sin cuestionarse. "Live fast and die young."
Y era en el colectivo donde se ponía a reflexionar, y daba un stop a su vida atolondrada y sonreía ante la vida que llevaba. Y así sentado cómodamente en el anteúltimo asiento del colectivo casi desierto con la excepción de un vagabundo borracho, la vio subir por primera vez. Ella, locura en persona. El nombre de Juana le sentaba a la perfección, más que su nombre real que él desconocía pero moría por averiguar. Conocerse, es como atravesarse el alma con los ojos y decir: te vi en sueños.
La cámara en manos de él, llamó la atención de ella, quien de improvisto y de su cartera microbio sacó un trípode que complementaba la Nikon en manos de Evan. Era de ensueño.
Ella se le sentó detrás y le susurró al oído:
- Te has atravesado en mí.
Y él no llegó a darse vuelta que ella lo tomó de la mano y bajaron corriendo a la próxima parada sin respirar, ella riendo, él atónito y el chófer gritando porque claramente ella no había pagado su boleto.
Pero ya estaban en tierra, pies en tierra. Las zapatillas rojas de él, a las cuales la alcantarilla había alcanzado al saltar del colectivo, ahora eran negras. Y la miró a ella, y ella, con las piernas largas y hermosas, ilustradas con pecas negras, como un dálmata indomable. Dicen que los dálmatas no son buenos, bueno, ella tampoco.
Así que con trípode y cámara en mano, corrieron y cuando menos él lo pensaba, terminaron en una colina cubierta por piedras, grandes y perfectamente imperfectas, imposibles de caminar sobre. Y aún así allí se sentaron, y ella tomando la cámara de él, se dispuso a sacar una foto al amanecer que allí nacía, dentro de los ojos de él. Hasta que se dio cuenta que otras tres ninfas de la noche estaban al lado de ellos y se disculpo por robar tal imagen.
Al instante por suerte, encontró otra a las espaldas de ellas y le dio click a la cámara. Y la magia de tal tecnología alcanzó a Evan, y él despertó.
Las ninfas rieron de la fotógrafa novata y compartieron consejos y secretos y frente a él, se desmontó el mejor de los desfiles.
Cuando ya el sol fue lo suficientemente claro, ella lo tomó de la mano y se sentó junto a él, mientras en el trípode acostado, crecía el pasto y lo enredaba al césped creciente (cual video de Keane).
Él la miraba, aún atónito y logró articular tres palabras:
- ¿Cómo te llamas?
- Analeigh. Y no, no me vas a volver a ver. Porque lo bueno siempre es corto, y prefiero que sea así, sin dolor y con sonrisas cada vez que nos recordemos.
Y la última imagen que Evan tenía de ella era de su falda corta y negra, de sus piernas encima de las de él, de sus labios carmín sonriendo en los de él, de sus manos en el cuello mordido de él, de sus pestañas haciéndole cosquillas y del colectivero sonriendo ante esas parejas que se forman en amaneceres borrascosos en la parte trasera de los colectivos.
Y todos esos recueros para jamás volverla a ver.
pd. http://www.youtube.com/watch?v=8yP3JGWVzFo
viernes, diciembre 23
"Lindo Hongo"
sábado, noviembre 12
like a heart beat moving through me
- Hay un chico que te está mirando mucho, -dijo el mejor amigo mientras esperaban a que llegara el subterráneo. Ella leía a Moro, en la más grande de las utopías, y tardo en hacerle caso. Para cuando lo hizo, sólo levantó la mirada interrogante. El amigo siguió- Demasiado.
- ¿Cuál?
- Ese, de anteojos ridículos y bermudas de jean deshilachadas.
Miel miró, el pelo le caía liso sobre los hombros en un intento de prolijidad, y se lo corrió de la cara, escondiéndolo detrás de la oreja para ver mejor. De reojo lo podría haber visto sino hubiera estado tan enfrascada en su libro, estaba de ellos a menos de cinco pasos largos para la izquierda. Las piernas flacas, y el morral a un costado. La remera en escote en v, blanca pura. Una barba de dos días en los contornes del cuello, los labios más mordibles del mundo, la nariz grande pero proporcionada. Los anteojos esconde-identidad. Y el pelo alborotado por locuras peluqueras.
El subte se detuvo.
Miel se paró, el vestido salmón sonrió.
Los cuatro pasos se hicieron eternos, y quedo un paso entre ellos.
Él se sacó los anteojos
y ella despertó.
(Si estás tan solo ¿por qué estar solos los dos?)
sábado, octubre 8
Set Fire To The Rain

sábado, agosto 27
porque el amor cuando no duele, mata
viernes, julio 22
El Sillón
(http://www.youtube.com/watch?v=2ZK23sxkpk0&ob=av2e)
Las manos llenas de carboncillo, el jardinero desabrochado, el flequillo desordenado y una manta escocesa azul sobre sus piernas. El sofa de terciopelo antiguo, con sus cuantos años de historia encima y de otras piernas sucias. Ella, acostada, con la relajación recorriéndole el cuerpo, dormida y en otro mundo.
Pero él no.
Él exactamente estaba con los pies bien en la tierra, sentado frente a ella, y sin poder dejar de sonreír. Después, poco a poco, bajo uno a uno sus dos pies al piso y el papel bajo el peso crujió: los mil y un dibujos que habían hecho horas antes. Pateó sin quererlo una botella y un poco de cerveza manchó uno de las ilustraciones, y por más que se apuro en enderezárla, no pudo evitar lo inevitable. Al instante una mano conocida, llena de carboncillo, tomó la botella de las manos de él, sin sacar la otra de su hombro, se tomó lo que quedaba y lo miró sonriendo. Con esa sonrisa auténtica de ella, que podía volverlo loco al instante.
Y un beso. También de esos de película, con espalda arqueada, las manos de ella en su cuello y las de él, ahí justo donde la cintura se encuentra y la espalda se arquea.
Si les digo que el beso terminó en el sillón de terciopelo antiguo, y el rostro de él dibujado en carboncillo, y muchas risas con aire de verano, con el tono dorado en ambos dos, ¿me creerían? Porque eso también paso. Una vez un amigo me dijo que los sillones tenían el enorme poder de crear el más grande de los rumores, como también el más mentiroso; además, los sillones también esconden secretos. Y guardan las mejores frases de charlas que parecen tan guionadas.
Pero claro esta, que luego de tantas sonrisas y besos, comienzan las respiraciones profundas, los besos, ¿cómo describirlos? Respirados. Entonces, aparecen de tales frases, un millón.
- Te estoy llenando de lápiz, -le dijo ella riéndose.
- Dibujame, no me importa, -le respondió él.
Los besos seguían dándolos vueltas en el sillón, como ruleta Rusa. Y reían porque ella tenía el lápiz en mano, y él intentaba por todos los medios no quedarse en ninguna posición estática para que ella no pudiera ilustrar nada por entero. Hasta que lo logró, un elefante chiquitito en el pecho de él, sobre el lado del corazón. Cuando él lo vió le preguntó porqué un elefante y ella respondió:
- Porque los elefantes no olvidan jamás.
- ¿Y que no queres olvidar?
- A vos.
miércoles, julio 6
"Excuse, what's your name?" "I'm Autumn"


viernes, junio 17
can't you see: you're beautiful?

viernes, junio 3
"Es re de virgen chapar"

sábado, mayo 21
you feel great but you're torn inside
miércoles, abril 27
23
jueves, marzo 24
Miel quería ser aquella chica de la cual él se enamorara por no tener miedo de mojarse bajo la lluvia
miércoles, marzo 2
El Lago
(http://www.youtube.com/watch?v=FRSH-egVyzk)
Era la época de los veranos inolvidables, de esos que te venden en las películas que te hacen llorar una y otra vez. Siempre tuve la teoría de que de algún lado los escritores y guionistas sacaban sus ideas, de experiencias propias, o quizá ajenas, pero en sí, de experiencias jamás más humanas.
Ese día en particular, el lago brillaba con una luz cegadora, y su quietud era apenas disturbada por alguna que otra brisa. Ella miraba atenta el lago, hasta que se sambulló, sin previo aviso. Alterando toda tranquilidad del muelle. Y él la miro desde la tierra. Tierra firme. Sonriendo a más no poder.
Cuando ella salió, él ya estaba allí, sentado en su lado del muelle. Algo así como el lado de quién en una cama matrimonial tenían aquellos dos. Ella siempre iría del lado izquierdo y él del derecho. “Que manera de discriminar al izquierdo que tenes,” le murmuraba ella antes de morderle la mejilla, y en fin, alterarlo. Como al lago, al muelle, y la quietud. Tengo otra teoría de eso, quien te enamora es quien logra alterarte hasta incluso el dedito chiquito del pie, quien logra moverte el piso de una forma desestabilizadora.
Ella lo miró, sonriendo y le mostró lo que había encontrado, una alianza. Nada menos que eso.
- ¿Quién podría arrojar algo como eso al lago? -le preguntó él, sorprendido.
Pero ella sólo levanto los hombros, en señal de ignorancia. Se la quedó mirando en su mano dorada por el sol, mientras las gotitas iluminadas caían de su mano. Él la miraba, el flequillo mojado, y los shorts de jean alguna vez claros, eran oscuros, oscuros como la profundidad. Del lago, de la alianza sin fin, y de los ojos de él. Quizá por eso estuvieran aquellos tan conectados con ese jean. Ella se percató de cómo la miraba, dejo la alianza entre el suéter, y despacio, casi sin perturbar nuevamente al lago tranquilo, se volvió a sumergir. Le sonrió, con una ceja levantada, invitándolo a entrar. Un solo decir que no estaba fría hubiera servido también como invitación, pero no, no era necesario.
Él se quito la remera, y no le importo para nada el lago, cayó junto a ella cubriéndola de más agua. Y la abrazo ahí, bajo el agua. Bajo el mayor secreto de verano que se podía ocultar.
Pero de esta historia no quise realizar ninguna teoría.
